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La Mina acoge con recelo el replanteamiento del derribo de Venus

13/05/2016 – Los vecinos y el concejal del barrio desconfían hasta ver proyecto, presupuesto y calendario.

Porterías destartaladas, instalaciones eléctricas desbaratadas, patios comunes llenos de basura…y droga, venta de droga. El retrato del edificio Venus es desde hace muchos años desolador. Y por ello se quiso atacar el problema haciendo desaparecer la gran mole de color blanquecino de La Mina, uno de los característicos bloques del barrio que muchas personas consideran “barraquismo vertical”, pero de lejos el más degradado.

 

El plan de transformación lo afectó y determinó su derribo, pero 15 años después sigue enquistado entre decisiones políticas, imposibilidades económicas y la desesperación de docenas de familias que llevan ‘atrapadas’ más de una década. Esta semana, por primera vez después de mucho tiempo, los partidarios de tirarlo abajo, la gran mayoría de la sociedad afectada, volvió a ver un resquicio de luz cuando el responsable de la Generalitat abrió la puerta a la idea inicial.

 

Hace casi dos años, el gobierno catalán lamentó que no hubiesen recursos suficientes y anunció que la solución final sería rehabilitarlo. Tras años de espera, la noticia enfureció a vecinos y propios, que iniciaron una cruzada para hacerse oír. Más aún. El cambio de posicionamiento hecho público esta semana ha alegrado al colectivo, que engloba a 190 viviendas, pero de momento se muestra cautos: “Han dicho que se tirará Venus, pero hasta que no presenten un proyecto con calendario no confiamos demasiado”, confiesa la portavoz vecinal de Venus, Paqui Jiménez.

 

De momento, el compromiso es estudiar todas las fórmulas posibles para llegar al derribo y buscar las fuentes de financiación que lo hagan posible. Todo el mundo valora positivamente las intenciones, pero en Sant Adrià de Besòs no basta con la voluntad. El todavía vicepresidente del Consorcio y concejal de La Mina,  Juan Carlos Ramos, se alegra del cambio de parecer de la Generalitat, pero no le salen las cuentas. “Si se puede tirar, que se tire. Ojalá. Pero hace falta mucho dinero que todavía no se sabe de dónde saldrá y saber en qué pisos se realojará a las 190 familias que viven en Venus hoy”, recuerda Ramos.

 

El realojo podría ser uno de los escollos. En La Mina se edificaron bloques nuevos que estaban destinados al realojo de Venus y otros vecindarios, pero después de años de parálisis con el derribo, la Agencia de l’Habitatge de Catalunya sorteó hace unos meses todos los pisos nuevos, a excepción de 60. El trasvase de familias, evidentemente, no cuadra, así que se deberán buscar otras vías complementarias. Al margen del coste del derribo y de todo el proceso, que, según cifras otorgadas de forma pública en los últimos años, podría acercarse a los 30 millones.

 

La dimisión del vicepresidente del Consorcio, en ‘stand by’

“Espero que no se estén creando expectativas que no se puedan cumplir, porque no se puede jugar con las familias”, avisa el concejal adrianense. A mediados de abril, Ramos presentó su dimisión como una forma de presionar los ritmos políticos del Consorcio, que todavía no ha formado completamente su nuevo consejo ejecutivo y no ejerce sus funciones al 100%. Tras la reunión de esta semana, que vio con buenos ojos, decidió mantenerse en el cargo, al menos hasta el día 17, cuando habrá una próxima reunión con los vecinos. “He visto transparencia”, admite. Pero irá al final con su dimisión del Consorcio si los frentes abiertos con las personas de La Mina no se empiezan a concretar. “No puede ser que no se solucione el sufrimiento de las familias por trabas políticas y administrativas”.

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