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El Besòs, hogar y ecosistema de paso de centenares de especies

01/04/2016 – Aves singulares, jabalíes, comadrejas, ranas o serpientes de agua hacen vida en el río a pocos metros de las calles de Sant Adrià.

Los conejos proliferan y se agrupan en los márgenes del río Besòs. Poco se dejan ver durante el día, pero los viandantes y deportistas que frecuentan el parque fluvial cuando el sol comienza a caer lo saben muy bien. Decenas de ellos salen de los cañaverales que abrazan el caudal cuando la presencia humana disminuye, y no se muestran excesivamente timoratos con los pocos ‘runners’ que se les puedan cruzar. Una curiosa sorpresa a ojos de los vecinos y vecinas que por costumbre no hayan dedicado mucho tiempo a escudriñar las entrañas de su río, pero que se queda corta ante todo lo que el Besòs esconde y que potencialmente podría esconder: docenas de especies de aves, jabalíes, comadrejas, ranas e incluso serpientes de agua. Sí, en ‘nuestro Besòs’, a pocos minutos de nuestros hogares.

 

La mejoría del río Besòs de un tiempo a esta parte ha sido abismal. De una cloaca a cielo abierto a un parque ciudadano que transitan al año casi medio millón de personas en toda su extensión. Y donde muchísimas especies de animales han encontrado un refugio, un lugar de paso y un hogar. Desde el punto de visto medio ambiental, el biológo Xavier Larruy, con décadas de experiencia en el cauce de Sant Adrià, admite que el elemento más importante, el agua, ha experimentado un gran avance. “No podíamos estar peor, pero hay que destacar los esfuerzos e inversiones realizadas para que este río sea hoy un hábitat natural”. El Besòs es un medio, eso sí, con mucho de artificial que se ha podido desarrollar a base de trabajos y de planificación y que se vendría abajo si se cortara la inversión. A pesar de ello, se ha convertido en un lugar que atrae a peculiares especies que pocos diríamos que puedan hacer vida cerca de nuestras calles. “Todo lo que vemos es un milagro contando lo que rodea el río”.

 

¿Que cómo posible? En sus tramos superiores, el Besòs conecta con las sierras de Marina y Collserola, desde donde muchos animales, como los jabalíes, bajan al río. Llegados a ese punto, el parque fluvial ejerce el papel de corredor biológico, un camino natural por el que los animales, básica y principalmente los más acostumbrados a la presencia humana, se escabullen buscando agua o alimentos. Lo suelen hacer de noche, cuando la actividad de la zona es baja o nula, y pueden llegar a descender hasta la misma desembocadura, en el caso concreto del jabalí. Eso no significa que se les pueda ver en cualquier condición y a cualquier hora, obviamente.

 

“El hecho de que hayan sido vistos es muy positivo porque significa que el río funciona, aunque en muchos casos no se queden porque no encuentran la tranquilidad suficiente ”, matiza Larruy. La calidad ambiental es aceptable y atrae a especies poco comunes, incluso se han citado especies más exigentes. El caso más inesperado sería el de la nutria, un emblema de la fauna fluvial que ya se ha detectado en varios puntos de la cuenca del Besòs y de la cual no se puede descartar que algún individuo haya llegado a pisar los tramos adrianenses en sus movimientos dispersivos”. Otro caso muy particular es el de la comadreja, que se ha rarificado en el Área Metropolitana de Barcelona pero de la que sí se ha tenido constancia estos últimos años.

 

Xavier Larruy apunta que la regresión, a pesar de las inversiones y la mejoría del agua, ha continuado en el campo de los anfibios debido a la desaparición de charcas temporales y la presencia de peces en las balsas restantes. Así, la rana verde es la única especie que se encuentra de forma habitual a lo largo del parque. De entre los reptiles, de los que hay unas ocho especies, los más llamativos son las serpientes, incluyendo una especie acuática. Además cabe destacar el lución, que es un tipo de lagarto sin patas, y el galápago leproso, una tortuga acuática que se encuentra protegida a nivel europeo y que se ve muy perjudicada por el abandono de tortugas exóticas en el río. Unas cinco clases de peces pueblan el caudal del río, mientras que los invertebrados se cuentan por centenares. Una rica macedonia de fauna que mucha gente desconoce y que, sin lugar a dudas, hace de la variedad de aves su ingrediente estrella.

 

Cerca de 250 especies de aves

 

Son las reinas del río y son su identificación y observación  las tareas a las que se han dedicado más esfuerzos, tanto a nivel público como por parte de los aficionados a la ornitología. En el tramo comprendido entre la desembocadura y el puente de la C-31 se acumula una gran actividad y se dan las condiciones más adecuadas para la presencia de muchísimos pájaros, dicho de forma coloquial. En los últimos 20 años se han visto en el río hasta 250 especies distintas. Es una cifra muy alta, aunque la mayoría son aves de paso, migratorias. Del total, unas 70 desarrollan su actividad más o menos permanentemente en el parque fluvial durante el invierno, y unas 15 crían dentro de sus muros.

 

El Besòs, expone Larruy, es la única zona natural en la que diversas aves acuáticas pueden detenerse a descansar a pie de costa entre la desembocadura de la Tordera y el delta del Llobregat. Eso hace del río adrianense un activo en las épocas de migración, en las que se han llegado a ver especies muy particulares, como el flamenco, y otras raras incluso a nivel europeo. Se trata de individuos o grupos que encuentran la comida y el espacio para ‘repostar’ durante unos días o semanas antes de reemprender su camino, pero no un hábitat permanente. Y es que el río tiene posibilidades “Hay comida, hay vegetación, el problema es la tranquilidad”.

 

La presencia humana ha ido en aumento en el parque fluvial en los últimos años. La descontaminación y recuperación del río ha permitido la entrada de especies, pero también la presión masiva de las personas, algo incompatible con muchos tipos de pájaro. El otro gran hándicap es el espacio. Aunque ahora el lecho del río propiamente dicho es más ancho, y eso permite la creación de islas, orillas y recovecos, el espacio natural, el comprendido entre los cañaverales que sirven de barrera protectora para los animales, es muy reducido, de unos 60 metros. “Muchas aves se sienten desprotegidas”, lamenta Larruy.

 

Equilibrio entre la riqueza ecológica y el ocio

 

El biólogo admite que gestionar un espacio como el parque fluvial es complicado. La mayoría de los ciudadanos, considera, lo ven como un espacio de ocio donde bajara hacer deporte o pasear, pero si no se respetan ciertos límites, se acabará por perjudicar al ecosistema del río. Pone como ejemplo la entrada de personas y perros sueltos en la desembocadura y en las playas de todo el río, prohibido por la normativa del parque. Larruy cree que se deberían reforzar ciertas normas y la vigilancia, con el objetivo de encontrar un punto medio entre lo social del Besòs y lo ecológico.

 

“A pesar de todos los obstáculos y los aspectos negativos de la situación, Sant Adrià se ha convertido en un lugar en el que enseñar educación ambiental gracias a toda la inversión que se ha hecho”, reivindica. Echa en falta inversión y que el medio ambiente cuente a la hora de desarrollar el urbanismo de la ciudad, pero admite que se ha conseguido un gran progreso que, eso sí, se puede echar a perder si no se mantienen los esfuerzos económicos. “El río continúa viéndose como una barrera para el desarrollo urbanístico. La batalla importante no se ha ganado: venir al río con una mayor sensibilidad hacia el conjunto de seres vivos que lo pueblan. Al final es el vecino quien tiene que creerse que el Besòs puede ser más que un sitio donde ir a hacer deporte”.

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