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Venus, a oscuras: Endesa sólo garantiza corriente a una docena de los 86 pisos sin luz del bloque

Jordi Ribalaygue - 03/11/2016

La mayoría de las viviendas de los números 9 y 11 de la calle Venus, en el barrio de La Mina, sigue a oscuras tras una semana entera sin luz, desde que operarios de Endesa cortaran el suministro sin previo aviso. A última hora de la tarde de ayer, la electricidad se restituyó en seis viviendas y un local del número 11, así como en la escalera y los ascensores de la misma comunidad.

 

Endesa no aventura cuándo hará lo mismo con otros seis pisos, los espacios comunes y los ascensores del otro portal afectado, ya que está a la espera de que el Consorcio de La Mina notifique que se han completado las reparaciones ordenadas por los técnicos. Para justificar por qué dejó sin abastecimiento a todos los vecinos, la compañía apunta a un supuesto riesgo de incendio, que achaca en buena medida a las conexiones ilegales con las que, asegura, la mayoría de viviendas obtienen luz.

Según las fuentes consultadas, sólo 12 de los 86 domicilios que suman ambas fincas tienen contrato con Endesa. La eléctrica no garantiza más que a devolver la luz a los abonados. Al mismo tiempo, sostiene que el resto de familias habría cometido un presunto fraude eléctrico, motivo por el que la empresa advierte que podría denunciarlas.  

 

Mientras unos pocos vecinos van recobrando la corriente, queda por ver qué ocurre con quien no tiene el suministro regularizado. La Asociación de Vecinos de La Mina ha recomendado a las familias sin ingresos suficientes que presenten una instancia a la Agència de Consum de la Generalitat para que medie ante los Servicios Sociales del Ayuntamiento. La entidad cataloga de "salvajada" el modo con que la eléctrica ha procedido y cree "denunciable" el corte generalizado. Endesa aduce que optó por la drástica decisión tras una inspección ordinaria y ante un “peligro real” para los moradores y el tendido.

La concejal de Servicios Sociales, Filo Cañete, explica que el Ayuntamiento no puede encargarse del trámite para dar de alta a los habitantes que no están abonados. “Tienen que contactar con la compañía y, si tienen dificultades para pagar la instalación del contador, se hará un estudio de posible situación de vulneración para comprobar si cumplen los requisitos para obtener una ayuda de emergencia social, de la misma manera que se hace en otros casos de necesidad”, precisa la concejal, que descarta un pago excepcional para regularizar la conexión a los vecinos sin corriente de Venus. Cañete afirma que, hasta ayer, sólo dos familias han solicitado ayuda al Consistorio tras quedarse sin electricidad.

 

“No pagaremos de manera universal”, insiste el alcalde, Joan Callau, quien asegura que emplazaron a Endesa con sendas cartas en julio de 2015 y del verano pasado a actuar por el supuesto riesgo de que la deficiente instalación eléctrica de Venus se prendiese fuego. “Se tenía que hacer, pero se tendría que haber hecho bien. No se puede hacer en medio de cuatro días de fiesta”, opina el alcalde.    

 

"En casa no se puede estar si no es con velas"

 

“En casa somos cinco, dos niños y tres mayores. En casa no se puede estar si no es con velas. Bajamos cada día al bar a comer”, comenta un vecino del número 11, que ha reclamado ante Consum. Admite que no cuenta con contador. “Se empalmó la luz con un cable”, reconoce el hombre, quien atestigua que no puede sufragar sin impedimentos el coste del recibo. Los Servicios Sociales le han dado hora para estudiar su situación la semana que viene.

 

Como otros habitantes del bloque, explica que la corriente ha saltado con frecuencia en los últimos meses. “Nunca había habido problemas hasta que ha habido el mamoneo de los jardines”, espeta. Se refiere al presunto cultivo de marihuana en algún piso de Venus, como coinciden otros residentes, que dan fe de que la luz se ha ido algunos días durante horas desde mayo en todo el edificio, no sólo en las dos escaleras a las que se ha desconectado del suministro.

 

Los afectados recuerdan que llueve sobre mojado en el inmueble, lastrado por un deterioro creciente y una operación de demolición prevista desde 2002 y suspendida sine die: 46 familias del edificio litigan contra el Consorcio de La Mina, al que acusan de inacción al mantener frenado desde 2010 el proceso por el que tenían que ser expropiadas, antes de mudarse, en buena parte, a las nuevas promociones levantadas en el barrio.

 

“La solución es que ya nos deberían haber sacado de aquí. Esto está para derribarlo y todo se está cayendo”, se queja Carmen, quien dice que posee un contador, pero no está al día del pago de las facturas. “No puede ser que paguen justos por pecadores y estaríamos de acuerdo con que se corte la luz a los que se aprovechan. Pero, ¿cómo no vamos a pagar si esto se tendría que haber derribado, si deberíamos tener los pisos que se han dado a otras personas y vivimos indignamente? ¿Para qué pagar si vivimos como en una barraca?”, se pregunta.

 

Carmen detalla que muchos vecinos prefieren quedarse en la calle hasta que anochece en vez de andar a tientas en sus viviendas: “Los niños tienen miedo de estar a oscuras, no están acostumbrados. El otro día, estuvimos con el pequeño hasta las 12 en la calle, cuando se durmió”.

 

Se queja de que les cobren por el mantenimiento del edificio sin que, a juicio de diversos vecinos, la empresa municipal Pla de Besòs arregle los desperfectos con suficiencia. “Hace dos años que me quejo al Consorcio de que nos entra agua en casa y se han caído baldosas porque hay un escape en el desagüe, pero no lo solucionan ni hacen caso”, protesta.

 

Los perjudicados relatan que hay enfermos que han tenido que ingresar en hospitales ya que los respiradores de los que dependen no funcionan sin corriente. Personas que padecen de achaques se han trasladado a hogares de familiares o no se han movido del piso al no poder usar el ascensor.

 

“Mi sobrina va a casa de un familiar a calentar los potitos para su bebé y bajamos al bar para cargar los móviles. Mi marido, que no se puede mover, no sale de casa”, revela una anciana. Necesitan los móviles con suficiente batería no sólo para comunicarse, sino también para usarlos a modo de linternas para no tropezar al bajar las escaleras.

 

El prolongado apagón también ha sido un contratiempo para algunos negocios. Mazhr Ioubal no ha abierto el bar que regenta desde que les dejaron sin luz. “Lo que pierdo son los 200 o 300 euros que hago de caja cada día, que es el doble el fin de semana. Cuando llamas a la compañía siempre dicen que van a venir mañana a arreglarlo, pero ya ha pasado una semana”, critica.

 

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