Registrat al Diari de Badalona

Puigdemont entra en Venus y los vecinos piden soluciones

Jordi Ribalaygue - 19/06/2017
Visita de Puigdemont, el pasado viernes / J. Ribalaygue

El president Carles Puigdemont tenía una cuenta pendiente con una vecina de La Mina. Paqui Jiménez, portavoz de los moradores del degradado edificio de 243 viviendas de la calle Venus, se apostó delante del Ayuntamiento de Sant Adrià de Besòs una tarde desapacible de noviembre. Por entonces, 86 viviendas del inmueble llevaban una semana con la luz cortada por Endesa, consecuencia de los extendidos pinchazos irregulares a la corriente. Jiménez esperó ante la puerta más de una hora, con otros cuatro habitantes del barrio, hasta que el mandatario salió de la recepción que le brindaron en el Consistorio. Los gritos del pequeño grupo llamaron la atención de Puigdemont, que deshizo el camino hacia el coche oficial para acercarse y charlar con ellos.

“El bloque se nos viene al suelo. Venga un día a verlo”, le rogó Jiménez. El president recogió el guante y ayer, siete meses más tarde, visitó guiado por la combativa vecina el inmueble más demacrado del arrabal, que debía derribarse hacia 2010 y no ha hecho más que envilecerse desde entonces. “Quién le dice que no a Paqui”, bromeó Puigdemont nada más entrar en el bar de la mujer, quien también interpeló sobre el mal estado del bloque al dirigente en el programa ‘Jo pregunto’ de TV3, en enero pasado.

Durante el encuentro, Jiménez y representantes de otras entidades de La Mina reclamaron al president que se cumpla el plan previsto desde hace 15 años de derruir el edificio, tras facilitar el realojo de quienes no han podido costear alrededor de 48.000 euros que las instituciones les pidieron a cambio de trasladarse a los nuevos pisos del barrio. Puigdemont no puso fechas a la demolición, que la Generalitat vuelve a estudiar tras años de paralización del proyecto. En todo caso, el jefe del ejecutivo propuso “tomar acciones concretas” ante las peticiones del vecindario.

La Generalitat no había anunciado la primera visita del president a La Mina, que tuvo un cariz en la práctica de cita personal con Paqui, empeñada en que el líder político conociera los padecimientos de los habitantes de Venus. “Es que soy de piñón fijo”, se definió la mujer, incombustible, incoformista y muy crítica con el Ayuntamiento de Sant Adrià, de cuyo gobierno no acudió ningún miembro a recibir al president. “¡Suerte tenemos, Paqui, que seas de piñón fijo!”, la piropeó Josep Maria Monferrer, otro irreductible del barrio, veterano maestro de varias generaciones e impulsor del Archivo Histórico de La Mina.

La barra que Paqui regenta cada día menos los domingos -“ese día es para la familia”- es un trajín de vecinos que la requieren, incluso, para que les lea las cartas. “Somos secretaría, hacemos papeleo y de todo. Y si hay enfermedades, damos pastillas. Y el que viene sin comer, le damos de comer”, detalló la mujer a Puigdemont.

Tras departir y tomar un refresco con Paqui, unos pocos vecinos y los altos cargos que le acompañaban, Puigdemont se dio un breve paseo por el bloque. La propia vecina hizo de cicerone por los portales y los patios dañados del interior del edificio, lastrado también por el trapicheo diario de droga que se da en algunas viviendas.

Paqui mostró al dirigente los pedazos de techo desprendidos en las entradas, las filtraciones por donde cae agua “cuando llueve” y la falta de mantenimiento de algunas escaleras. “Se tiene que tomar una decisión”, planteó la vecina al president. “Desde que se afectó en 2002, en esta comunidad no se ha invertido un euro. Al menos hay que mantener la calidad de vida”, se quejó el presidente de la asociación de vecinos, Paco Hernández, a quien Puigdemont atendía en un rellano con un piso tapiado y un grafiti de letras rojas firmado por “los más chulos de La Mina”.

Tras recorrer el vestíbulo del número tres, Paqui condujo a Puigdemont al 11, quizá la comunidad más decrépita, una de las dos que se quedó más de una semana a oscuras a finales del año pasado y que sufrió cortes intermitentes de electricidad que se vincularon a sobrecargas por el cultivo ilegal de marihuana en ciertos domicilios. “Aquí no te voy a subir al primero”, aclaró la mujer al president, “del primero al cuarto no tienen luz todavía”. “¿No tienen luz?”, se sorprendió su invitado. “No. Y en la entrada pusieron un fluorescente porque como salimos tantas veces en todos los medios…”, le confió Paqui. “Nos están cobrando un mantenimiento que debería serlo. Los vecinos nos encargamos de la limpieza”, explicó.

La visita presidencial fue fugaz y no llegó a una hora. No obstante, Paqui se dio por satisfecha de haber podido exhibir a Puigdemont el anómalo e irresuelto caso de Venus. “Se lo hemos enseñado porque aquí no se puede vivir”, expresó la vecina tras despedirse del president.

Comentaris
S'ha d'enderrocar, està clar. Tanmateix, s'ha de recordar que tots els adrianencs estem pagant les quotes dels morosos a La Mina (via Ajuntament-Pla de Besòs), quelcom realment insòlit.
+1
+3
-1

Pàgines

Afegeix el teu comentari