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Música al servicio de la comunidad

Javier Torres - 17/12/2014

Cada viernes por la tarde, la sala de actos de la Biblioteca de Bon Pastor, en Barcelona, se convierte en un improvisado aunque bien provisto local de ensayo de flamenco. Guitarra, cajón, palmas y voz llenan de calor una sala con una decena de jóvenes del barrio que forman en corro. Entre ellos, como voz guía y profesor, aunque prefiere verse como uno más y huir de la figura al mando, Javier González, vecino y músico de Sant Adrià de 23 años, posiblemente más conocido como Jaso, apodo bajo el que encontró cobijo incluso antes de la mayoría de edad. Espolonea a los chavales para que se arranquen y tomen la iniciativa, les brinda consejos y les pega un toque de atención si entre ellos sobrevuela algún comentario fuera del tono distendido y amistoso que reina el habitáculo.
 
Todos forman parte de ‘Why violence?’, un proyecto impulsado por la asociación Connectats con la colaboración del Ayuntamiento de Barcelona que persigue erradicar la violencia a través de la creación artística. Además del equipamiento de Bon Pastor, la iniciativa se concentra en otros ocho centros municipales a lo largo de la franja barcelonesa más cercana al río Besòs. En cada uno de ellos, un grupo de trabajo, abierto  a todos aquellos jóvenes de entre 14 y 21 años que se quieran sumar, aprende y practica alrededor de una disciplina artística o un estilo: flamenco, hip-hop, teatro, danza urbana, cración audiovisual...
 
“A través de la música se aprende muchísimo. Yo he vivido en primera persona algunas de las peores cosas de la vida y el arte me ha acabado enseñando y explicando lo que está bien”. Jaso ya participó en un proyecto musical con Connectats y hace algunos meses empezó su andadura como profesor del taller de flamenco fusión de ‘Why Violence?’ en Barcelona. Con los acordes de su guitarra enseña música y envía valores. Los temas que componen entre todos siempre nacen con una razón de ser. El primero, que sus alumnos interpretaron en una actuación pública hace un par de semanas, representaba una dura crítica hacia la violencia de género. No hay una hoja de ruta trazada y trabajan sobre la marcha, pero las cosas van saliendo y a finales de enero grabarán una de las canciones y la interpretarán en el espectáculo que los integrantes de todos los talleres del proyecto protagonizarán en el Espai Jove Les Basses de Nou Barris.
 
“Si te mueves en el mundo callejero de las drogas o las peleas, acabarás estando con camellos y gamberros. Si te implicas en el mundo del arte, acabarás juntándote con artistas. Si los chavales pasan aquí un par de horas en vez de tirados en la calle, esto ya vale la pena”. Su papel como ‘profe’ del grupo y la pasión que imprime en cada palabra evidencian que la implicación en el proyecto, más allá de la pequeña remuneración que recibe, se basa en la ilusión social y la motivación que en él despierta el trabajo social.
 
Jaso carga sobre sus hombros cerca de una década de música durante la que ha navegado y experimentado diferentes estilos, como el hip-hop, el reggea o la rumba, y ha prestado su voz a infinitas colaboraciones. Hasta la fecha nunca ha sobrevivido de la música, a pesar de sus discos y grabaciones. Solamente los conciertos y bolos, que cuenta por decenas, le han aportado algo económicamente. Entre eso, la remuneración como profesor y su trabajo en el taller de costura de su madre, La Modista, tira hacia adelante y encara proyectos como el que ahora tiene entre manos y que está grabando con otros músicos en un estudio de Canet de Mar. “He experimentado mucho y ahora veo la música más clara. Preparamos algo gordo y sé que estaré muy orgulloso cuando salga del horno”.

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