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Las vías del tren, el 'narcoespacio' clandestino del barrio de la Mina

Jordi Ribalaygue / Javier Torres - 26/01/2018
Material de consumo junto a las vías

Suena el estridente claxon del tren de Cercanías en La Mina cuando el sol ni siquiera ha llegado a su punto más alto. También lo hace antes, y después. Poco importa la hora en el 'narcoespacio' clandestino del barrio, a cielo abierto y a merced de los trenes, junto a las vías y entre matojos, basura, jeringuillas abandonadas y otro material usado que delata el consumo de droga en la zona en que está prohibido el paso.
 
Las roturas en la valla entre el parque del Besòs y la calle Estrelles que rodea el área gestionada por Adif convierte el tramo de la R1 en un bulevar con riesgo de muerte para muchos toxicómanos. Por lo fácil del acceso y la ausencia de miradas, sin tener en cuenta el vaivén de convoyes. Se pierde la memoria de cuándo los maquinistas atraviesan el lugar poniendo mil ojos y con el pito a punto.
 
No obstante, las vías se han visto cada vez más frecuentadas. Incluso por personas que viven de forma más o menos permanente. Fuentes de la Policía Local hablan de una decena de chabolas improvisadas en los últimos meses en terrenos próximos a los raíles, incluso dentro del tramo vallado. Al menos dos casuchas son visibles dentro del ramal férreo de La Mina, propiedad de Adif, y donde no se puede recoger desechos sin su permiso.
 
Caminar por los laterales de las vías es un juego de funambulismo para esquivar material de consumo, agujas con restos de sangre, objetos quemados y, sobre todo, vigilar la llegada del próximo tren. Los responsables de la sala de venopunción de La Mina -instalada ahora en el nuevo ambulatorio- se hacen cargo de la recogida de jeringuillas, siempre bajo supervisión de Adif. Tienen permiso para hacerlo cada dos semanas, una frecuencia que se antoja insuficiente, a la vista del escenario.
 
En ese contexto se encuadra la negociación entre el Ayuntamiento y la compañía encargada del mantenimiento ferroviario, en la que se aborda arreglar el vallado y, a la vez, aumentar la frecuencia con que se autoriza la limpieza. Adif dispone de un proyecto que costaría unos 200.000 euros para cerrar la reja. La reparación no se espera inmediata; algunas fuentes hablan de seis o nueve meses más de espera para contratar las obras. El gobierno municipal apunta a que se instalará un cercado provisional que facilite mientras tanto entrar a los raíles para retirar jeringuillas con más asiduidad. “Seguramente a diario”, confía.
 
Hace años que la zona que compete a Adif es un punto que alternan drogodependientes que se exponen a un accidente. El concejal de Vía Pública, José Luis Martínez, manifiesta su malestar con la empresa estatal: “Tuvimos una lucha de tres años con Adif por la basura en Eduard Maristany. ¿Vamos a tener que esperar ahora otros tres años? ¿Cuántos más tienen que morir atropellados y cuánta gente más tiene que vivir en cabañas allí dentro para que se valle?”. “No hay obligación por ley de poner vallas, pero es una zona en la que hace tiempo que hemos detectado que se debe actuar”, responde la compañía, que remarca que debe combatirse el “incivismo” al que atribuye que el cercado haya sido agujereado.
 
Zona de múltiples atropellos
 
Más allá de la ingente cantidad de residuos, el mayor problema son los accidentes y, en última instancia, la alteración que se deriva para los convoyes. El último episodio se vivió en diciembre, cuando se produjo un atropello mortal. El año pasado se registraron tres accidentes. Aparte del siniestro de hace un mes, Renfe confirma otro fallecido en enero de 2017 y un herido en agosto. Eso sin contar más arrollamientos los últimos años. Renfe afirma que la basura arrojada o las personas que merodean no afectan a la circulación.
 
El secretario de la sección de Barcelona del sindicato de maquinistas SEMAF, Fernando Asensio, confirma que extrañamente los trenes deben frenar en La Mina, aunque es frecuente que piten y aminoren la velocidad. “Vamos alerta, no sabemos en qué condiciones están y pasamos bastante despacio, aunque no hay demasiados accidentes comparando con otros puntos y por el trasiego que hay”, cuenta Asensio, que atestigua que “desde buena mañana y hasta las 11 o 12 de la noche, no hay momento en que no haya gente: grupos de dos o tres, personas solas, chicos o chicas, mayores o jóvenes…”. El sindicato ha reclamado en diversas ocasiones que se recomponga la reja, sin éxito.
 
Casi 4.000 jeringuillas recogidas en el Parque del Besòs
 
El Parque del Besòs, anexo a las vías, es testigo del trasiego de personas que se cuelan por uno de los agujeros en la valla. En los últimos meses, ha crecido el número de jeringuillas recogidas en el espacio.
 
Según un informe del Àrea Metropolitana de Barcelona -responsable del cuidado de la zona verde-, se retiraron 3.999 jeringuillas en 2017. La cifra es la mayor desde 2010, si bien es similar a las de 2014 y 2015.
 
El año pasado acabó con el problema al alza: si entre enero y mayo no hubo mes en que se recogieran más de 200 jeringas, desde septiembre se superaron siempre las 500, con un repunte en septiembre y octubre, con 730 y 885 jeringuillas retiradas, respectivamente.
 
En 2016, las jeringuillas halladas en el parque fueron 989, cuatro veces menos que en 2017. Aquel año estuvo marcado por la huida de familias de La Mina a raíz de la amenaza de venganza tras un homicidio en el Port Olímpic, lo que conllevó el traslado de una parte de la venta y el consumo de estupefacientes, en especial a Sant Roc, en Badalona.

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