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La receta de cocina para la inserción laboral

Javier Torres - 10/07/2014

A medio camino entre La Mina y el Fòrum, situado en uno de los edificios más nuevos del barrio, encontramos un restaurante que hace las delicias de decenas de personas y que atrae, de lunes a viernes, a montones de grupos de trabajadores y oficinistas. ¿El motivo? Probablemente el atento servicio, el menú diario -uno de los más elaborados y completos de la zona- o su asequible precio por debajo de los 10 euros. O quizá la suma de esos factores enmarcados en unas luminosas instalaciones llenas de vida y de colores rojos, blancos y negros. Por si todos esos rasgos parecieran poco diferenciales al mayor escéptico de los críticos hosteleros, cabe destacar una última y no menos importante característica: en todo momento hablamos de una escuela de formación.
 
El Restaurante D’ins se encuentra situado en la sede que la Fundación Formació i Treball (FiT) estrenó a finales de 2010-2011 en Sant Adrià de Besòs (paseo Lola Anglada, esquina con Sant Ramon de Penyafort). El ayuntamiento adrianense ofreció el inmueble a la entidad social, que se trasladó de forma gratuita. Desde sus inicios, FiT había centrado su actividad de formación e inserción laboral en el ámbito de la construcción – y todo lo que ella conlleva- y la recogida de ropa de segunda mano. El nuevo enclave, no obstante, ofreció una nueva perspectiva a la institución. Se vieron rodeados por los nuevos hoteles levantados alrededor del Fòrum y la parte baja de la Diagonal y decidieron dar un paso hacia la hostelería. Desde ese momento, la entidad inició un proyecto basado en el reciclaje y la sostenibilidad. El equipo de construcción de la Fundación se encargó de llevar a cabo las obras del restaurante-escuela en un sector del edificio, en todo momento con materiales reutilizados y aprovechados de sus almacenes y con recursos y mobiliario prestados por asociaciones amigas o empresas colaboradoras. En mayo de 2013, la iniciativa era una realidad y el centro formativo echó a caminar.
 
Estudiantes jóvenes y autóctonos
 
A día de hoy, D’ins, cuyo nombre juega con los términos ‘dins’ y ‘inserció’, ofrece tres cursos de formación: uno para auxiliares de cocina, otro para camareros y un último para camareros de piso –oficio centrado en el servicio hotelero-. Cada uno de ellos acoge a unas 15 personas (45-50 en total) durante unos 2-3 meses de estudio que incluye una parte teórica y otra práctica, desarrollada en el restaurante a diario. Tras la formación, los alumnos realizan unas prácticas de cerca de un mes en alguna de las 400 empresas con las que cuenta la red de colaboración de Formació i Treball (hoteles, restaurantes, cafeterías, supermercados...). Los estudiantes vienen derivados, en un 70%, de Cáritas, además de otras entidades o los Servicios Sociales del Ayuntamiento. Los rasgos de las personas que acuden a D’ins, explican en la escuela, ha variado mucho en los últimos años y, actualmente, el perfil más abundante es el de jóvenes de nacionalidad española. 
 
Inserción laboral del 33%
 
En lo que llevamos de 2014, 200 personas han finalizado los cursos de formación y un 33% ha conseguido un trabajo después de sus prácticas (22 en cocina, 19 como camareros y 25 en el sector hotelero). Además de la salida externa, el propio restaurante contrata a cuatro de sus estudiantes, una vez acabada la formación. Dos de ellos se centran en atender la sala y otro dos en organizar la cocina; la idea es que, de esta forma, siempre haya alguien con experiencia capaz de guiar a las demás personas del curso, ya que más de 30 personas trabajan de forma conjunta en el restaurante, sin contar los dos profesores que coordinan ambos espacios. Los contratos se formalizan para períodos de seis meses a un año, con un salario mensual de unos 900 euros.
 
Cocina tradicional y exótica con éxito
 
Cada mediodía, los clientes del restaurante pueden disfrutar de un menú de dos platos y postre por 9,5 euros, en el que pueden encontrar recetas como fideuá, ensalada de tomate fresco, focaccia de salmón o pollo con arroz pilaf, además de elaborados dulces y fruta para cerrar el ágape. Cocina tradicional y mediterránea en su mayoría, aunque con puntuales excepciones cada semana. Y es que el viernes es día de platos exóticos en D’ins. Igual puedes encontrarte una comida a base de burritos y frijoles, como pastas italianas especiales o arroz y carnes sazonadas con especias orientales.
 
El 15% de los productos que el local utiliza en la cocina son recibidos de empresas amigas o plataformas sociales de distribución de alimentos. La Fundación compra el resto con los propios ingresos que ofrece el restaurante. Según explica la entidad, la recaudación del establecimiento ha ido mejor de lo que estaba previsto y ha hecho de D’ins un proyecto completamente autogestionable. Sirven unos 100-120 menús diarios, dependiendo del día y de los meses del año. Navidad, explican, fue una época de muchísima actividad en la que se ofrecieron menús de grupo especiales con muy buena acogida. Este agosto, por el contrario, el local echará el cierre hasta septiembre.
 
Servicio de cafetería y catering
 
A pesar de la juventud del proyecto, que a penas estaba despegando hace un año, los impulsores de D’ins no dejan de renovarse y probar suerte con nuevas iniciativas. El pasado abril, una parte del restaurante fue destinada a lo que actualmente es una cafetería. Desde la Fundación pensaron que la idea completaría el servicio del restaurante, ya que sería una alternativa para aquellas personas que no quisieran comer pero sí almorzar o tomar un café, así como el aprendizaje de los camareros, que tocarían otra perspectiva de la formación. El sector de cafetería atiende diariamente a unas 40-50 personas.
 
Por otro lado, D’ins también ofrece servicio de catering, a través del cual llevan comidas, cenas, meriendas o desayunos a acontecimientos de instituciones como la Universidad de Barcelona, entre otras muchas. Una oferta, la del catering, que, según explican los responsables de la Fundación, está teniendo mucha salida y encargos últimamente.
 
Por si fuera poco, ya hay nuevas ideas sobre la mesa a las que están empezando a dar forma, aunque todavía sin concretar, como por ejemplo un bufé libre.

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