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“Tuvimos que decidir entre pagar las facturas y comer”

Javier Torres - 05/05/2014

Fran y María, una enérgica pareja que reside en el Coloso de Sant Adrià, fueron puestos en aviso, este mes de abril, de que la empresa del gas les retiraría el contador por acumulación de unos 300 euros en facturas impagadas. Fue esa la chispa que encendió la movilización de la PAH Besòs en la reclamación de medidas contra la pobreza energética. Hasta dos veces ha acampado el colectivo, con Fran y María a la cabeza, en la puerta del ayuntamiento. Tras conseguir una pizca de apoyo del gobierno local, la compañía les ofreció financiar los pagos atrasados, liquidarlos durante año y medio abonando 18 euros mensuales y así evitar la cancelación del suministro. Era la menos mala de las salidas y aceptaron, aunque lamentan que sea “pan para hoy y hambre para mañana”. Si nada cambia, el mes que viene les retiraran también la electricidad y la situación continuará empeorando. El problema reside en su bajo nivel de ingresos, una pensión por incapacidad de 426 euros, que no permite hacer frente a sus gastos y a los de sus hijos pequeños.
 
Fran y María son dos de las caras reconocibles de Aliança Contra la Pobresa Energètica, un movimiento social que aboga porque ninguna familia se quede sin los suministros básicos de luz, gas y electricidad, por muy delicada que sea su situación económica. Es su caso uno de los más delicados del colectivo: suman cerca de 800 euros de deuda a las compañías energéticas y dos de los servicios empiezan a ‘tambalearse’. “Llegó un momento en el que tuvimos que decidir entre pagar las facturas y comer”. Desafortunadamente, no es ese el único obstáculo que les cierne. El mes de marzo, evitaron por cuarta vez el desahucio que les dejaría sin techo.
 
De un tiempo a esta parte, el camino de Fran y María ha contado con numerosas piedras a esquivar. Separados de sus antiguas parejas respectivamente, comenzaron juntos en 2012. Justo el día en el que empezaban a compartir la misma vivienda, Fran tuvo un accidente de coche que se le antojaría tremendamente complicado. A pesar de que los médicos nunca han confirmado la relación, su cuerpo se resintió y surgieron diferentes problemas que desembocaron en un diagnóstico de daños vertebrales. Desde entonces, Fran ha tenido que ir todo un año en silla de ruedas, ha sufrido importantes intervenciones quirúrgicas y, ahora, puede mantenerse en pie gracias a dos prótesis de cadera. “Después de una vida de deportista y de trabajador incansable, ir un año en silla de ruedas es muy duro”. A pesar de las notables mejoras, él mismo admite que le cuesta caminar grandes distancias y que no podrá volver a retomar su trabajo en el mercado de fabricación e instalación de estructuras metálicas, en el que poseía una empresa que funcionó perfectamente hasta el inicio de la crisis.
 
María, por su parte, lleva muchos meses en el paro y su prestación por desempleo caducó a finales de 2013. Los 426 euros de la incapacidad de Fran son el único ingreso para dos personas con dos hijas y un hijo menores de 11 años, que, además, han de retirar cuidadosa y rápidamente de la cuenta para que ningún banco o compañía de suministros se los embargue. Debido a su complejo estado económico y los diferentes intentos de desahucio que han sufrido, decidieron enrolarse en la PAH de Sant Adrià, en la que participan muy activamente. “La plataforma es una terapia. Compartes los problemas con el grupo y aprendes a reírte de ellos. Nos ha hecho a todos mucho más solidarios”.
 
“Es un reto muy difícil tirar con 400 euros mensuales. Y, igual que para nosotros, para mucha otra gente. Con la PAH y la Aliança, entre todos, vamos parando los golpes”. Llenos de energía y entusiasmo, a pesar de todo, ambos miran con firmeza hacia el futuro. “Tengo que prepararme para algo que no requiera un gran esfuerzo físico. Quizá el típico conserje ‘cascaete’ de colegio que sale en las películas”, bromea Fran. Entre los correteos y el alboroto de sus tres hijos en el parque, María y Fran parecen sobrellevar el hecho de vivir perseguidos por el riesgo de quedarse sin piso, sin agua, sin luz y sin gas, pero no parecen dispuestos a perder el buen humor.

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